por Draug el Lun Ene 29, 2007 11:01 pm
Tras la reunión, Draug se reunió con varios de los conejos que él llamaba Raving Rabbids. Aquellos pequeños seres peludos de ojos inyectados en sangre alzaban sus desatascadores gritando a la vez un poderoso "¡¡DAAAAAH...!!" al ver a su líder. Draug les pidió que se calmaran y al instante aquellos conejos recuperaron su aspecto inocente.
- Tengo algo que deciros...
El sombrío tono con el que decía esto hacía preocupar a los pequeños mamíferos, que se miraban unos a otros sin saber qué era lo que su líder quería decirles.
- Dentro de seis días todo habrá terminado... Y espero que luchéis con valentía. Quiero que sepáis que os aprecio... Pero por desgracia, todo esto no durará mucho.
Los conejos volvieron a mirarse unos a otros, aún sin comprender nada.
- Como ya debéis saber, la Conejo Slayer está en la ciudad, y...
El monólogo de Draug fue interrumpido por los conejos, que volvían a alzar sus desatascadores, gritando todos a la vez con sus ojos rojos a punto de salirse de sus órbitas. Draug tuvo que volver a llamarlos a la calma antes de seguir.
- Morán dice que no podemos fiarnos de ella, pero sería una gran aliada para nuestras fuerzas. No obstante... ha pedido un precio...
Draug suspiró, sin saber si era lo correcto decírselo. Aquellos conejos eran leales a su causa, habían detenido al Pantheon traidor, habían devorado al escolta... Eran eficientes y Draug les había cogido cariño a estos locos peludos. Pero no podía ocultarles la verdad...
- Por desgracia, hemos de sacrificaros una vez todo esto termine. La Conejo Slayer ha de saciar su irracional sed de sangre contra los conejos...
Los conejos volvieron a gritar y empezaron a correr en círculos, chocando unos contra otros, cayendo varios inconscientes. Una vez hubo calma de nuevo, Draug les deseó a todos buena suerte y que si apreciaban sus vidas huyeran nada más terminar esto.
- Cuando todo esto termine, seréis libres. Libres para hacer lo que queráis...
Dicho esto, dejó a los conejos intranquilos. Ellos se miraban entre sí, reanimaban a los inconscientes y parecían discutir su plan de acción. Tras aquella charla, sus locas mentes se pusieron a trabajar en algo más serio: su propia supervivencia ante su temible némesis.
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En una celda oscura, una figura cantaba el repertorio de canciones de los Monty Python. Aún tenía que esperar hasta que la fase final del plan que ellos, el Frente Popular del WEE, tenían calculado al milímetro pudiera ponerse en marcha.
Si tuviera boca, sonreiría. Pero en vez de ello, el gran orbe verde que tenía en vez de cara se iluminó en la oscuridad de la celda.
DRAUG: Yo es que directamente en mi webcómic no tengo Cuarto Muro.
MORÁN: ¡Tú no tienes Cuarto Muro, tú tienes una puerta giratoria!
Las paridas de la guarida